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martes, 17 de abril de 2012

El empleado modelo

El empleado modelo


Corría el año 2000 y tantos… Mario, un empleado de tiempo completo de una prestigiada empresa dedicada a prestar servicios a empresas de talla internacional trabajaba sentado, no tan tranquilamente, en su ”super cómoda” silla con rueditas, dentro de su pequeño pero bien cuidado cubículo de 3 x 3 metros, frente a el,  su computadora de escritorio con una, dos, tres y hasta cuatro ventanas de archivos abiertas esperando ser, algunas llenadas de datos provenientes de los papeles que estaban en es escritorio medio desorganizado de Mario, otras, ser usadas como medio de consulta para resolver otras tantas necesidades que en el día a día le habían sido encomendadas para hacerse.
Siempre había cosas que hacer en esa especie de vecindad de cubículos, corriendo de un lado a otro para resolver las actividades de cada jornada laboral, entregando reportes a los compañeros que seguían en la escala de mando (la “escalera corporativa“, como atinadamente le llama Robert Kiyosaki) atendiendo clientes, unos amables, otros…definitivamente no, solucionando problemas una y otra vez, problemas que ayudaban a mantener el buen nombre de la empresa, una empresa que nunca fue ni será de Mario ni de ninguno de sus iguales.
 Rápidamente fue subiendo por esa escalera corporativa, sus habilidades de resolver problemas le valieron el ser reconocido por los altos mandos y le premiaron con un ascenso. Era tal su eficacia, que no le importaba sacrificar horas y días de su vida para terminar con las tareas que se le encomendaban, total, casado no era.
Si algo distinguía a Mario era que los jefes podían solicitarle acudir en días insospechados, como los domingos por ejemplo, en horas de la noche, los días festivos, incluso a cubrir a algún otro miembro del equipo de trabajo doblando turno con alguno de los clientes.
Era sin lugar a dudas un Empleado Modelo.
Se sentía orgulloso, pensaba en lo mucho que su familia y en general las personas allegadas le decían: “Debes de estudiar, para que la vida te sea mas fácil, tendrás mas oportunidades de salir adelante”  ¿Qué mas podía pedir? Ejercía lo que había estudiado, estaba muy bien remunerada su ajetreada carga laboral, aunque con mas responsabilidades que antes, pero, le pagaban mas a fin de cuentas.
Siempre pensó “a la antigua” como dicen, su relación de noviazgo era formal y muy sería, tanto, que cuando recibió ese ascenso comenzó los planes de boda con la mujer que amaba, después de todo, ya era tiempo de sentar cabeza.
Mario compró su casa, obviamente a crédito, pues era imposible para el adquirirla de contado, pensaba: ” En la empresa tengo mi trabajo muy seguro, no creo que llegue a fallar con ninguna mensualidad”, fue así que junto con su novia visitaron uno de esos nuevos fraccionamientos de su ciudad y escogieron su nidito de amor, donde pasarían el resto de sus días felices y muy tranquilos.
No sabía que el tiempo y “el destino” estaban a punto de cambiarle los planes… y de que manera.

Continuará….

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